Con la llegada del verano han llegado también las aglomeraciones en las playas, las mareas de sombrillas y los atascos a 40º a la sombra en las autovías de la costa. Éxodo hacia el mediterráneo. Es lo que la gente suele hacer.
Hasta aquí nada alarmante. O sí.
Durante el verano los españoles somos el paradigma de la falta de iniciativa e innovación. Con esto no estoy menospreciando a aquellos que disfrutan de sus merecidos días de descanso en las playas. Cada uno hace con su tiempo libre lo que crea más conveniente de acuerdo a sus posibilidades.
Pero las imágenes de playas invadidas y apartamentos agotados en Benidorm me han hecho recordar lo que Iñaki Gabilondo llama “precipitado de insolvencia”. Que podría ser expresado con el típico “Si Fulanito se tira por un puente, ¿tú te tiras también?”.
El proceso es sencillo. Imaginemos, por ejemplo, que sale a colación el tema de los controles de velocidad en una charla entre amigos. Uno de los amigos asegura que la policía utiliza coches de marca Citroen para ocultarse y cazar al vuelo a los que no respeten el límite. Otro amigo dice tener un cuñado que conoce a un agente, agente que le comentó al cuñado que, efectivamente, emplean coches Citroen. Y, así sucesivamente, se produce una precipitación de comentarios de cada uno de los amigos afirmando conocer a Fulanito de tal que ratifica la teoría original. En conclusión, se produce una precipitación de comentarios en la misma dirección pero, la mayoría de las veces, sin solvencia alguna. Opinar sin conocer es el deporte nacional.
Esta homogeneidad parece ser parte de la idiosincrasia de los españoles. Tendemos a pensar que lo que hacen los demás, si lo hacen, será por algo. Será porque es lo mejor.
Antes de tomar una decisión que consideremos mínimamente relevante nos preguntamos “y la gente... ¿qué suele hacer en mi situación?”.
Necesitamos sentirnos parte de las decisiones colectivas y nos unimos al rebaño por la inseguridad a la hora de hacer algo diferente. Los que se salen del camino son tildados de raros, extravagantes, de inconscientes. Reina, en general, la falta de iniciativa personal.
Los políticos no se quedan atrás. En el último Debate sobre el Estado de la Nación, nuestros supuestos representantes no hicieron más que arrojar porcentajes, estadísticas y cifras sobre la posición del PIB, la tasa de paro o la situación del mercado financiero comparándonos con Europa. Todo era un “estamos por encima de...”, “estamos peor que...”, pero poco se escuchó sobre España sin más. Quizá Europa no nos pueda salvar a nosotros ni a ella misma. Quizá deberían valorar la economía de los españoles y no tanto la del resto de europeos.
Pero a veces lo normal no es lo mejor. O al menos no es lo más conveniente para nuestro país o para nosotros mismos. Porque lo que funciona en un lugar puede no funcionar en otro. Tengamos a otros países como modelo, sí, pero no como molde. Cada Estado tiene sus características. Quizá lo que deberíamos hacer es dejar de fijarnos tanto en cómo abordan los problemas el resto de países y fijarnos más en cómo podemos arreglar nosotros los nuestros. Las cuestiones se solucionan conociéndonos a nosotros mismos, nuestras debilidades y fortalezas, y no conociendo únicamente a los demás.
Recalibren la vara de medir. Preocúpense de lo nuestro. Y a lo mejor mejoramos algo.
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jueves, 14 de julio de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
LA HUMANIDAD COTIZA A LA BAJA
Es sorprendente cómo el primer mundo parece inmune contra lo que ocurre a su alrededor. Comentaba Iñaki Gabilondo -con total acierto- en una entrevista, que somos una suerte de sociedad “narcotizada”. Y es que, por exagerado que pueda resultar afirmar algo así, basta con hacer un pequeño examen de nuestras reacciones ante lo que sucede en el mundo para percatarnos de que el insigne periodista no anda muy desencaminado.
Incluso las imágenes más duras ofrecidas por los informativos pasan por nuestras retinas consiguiendo, apenas, una leve torsión en nuestro gesto, consecuencia de algún sentimiento de compasión, incertidumbre, rechazo… pero nunca trascendiendo más allá, nunca dando lugar a la reflexión necesaria para asumir que desde la comodidad de nuestros hogares, prácticamente, concedemos impunidad a la barbarie.
Ahora bien, no sólo es preocupante la escasa mella que sobre nuestra rutina diaria hacen las noticias que nos llegan desde diferentes puntos del planeta, es también esclarecedor lo poco críticos que somos con la información que recibimos. Simplemente nos limitamos a procesarla, dando por hecho que lo que nos cuentan es así, y que es todo lo que nos han de contar.
Claro ejemplo de esto es la turbulenta situación que vive actualmente África y las verdades parciales de las que somos destinatarios en lo que a ella concierne.
Libia: Nos parecía increíble que Occidente permaneciera impasible ante lo que acontecía en Libia, con un Gadafi desatado atacando a su propio pueblo, entonces ¿por qué pasamos por alto hechos parecidos que suceden en Bahrein y Arabia Saudí?. ¿No son la situación estratégica del país para el control del Mar Rojo, y sus yacimientos petrolíferos, tal vez, razones de más peso para que intervengan nuestros gobiernos?. Consideramos que los opositores al gobierno de Gadafi son entusiastas demócratas que aspiran únicamente a devolver la libertad al pueblo libio, cuando deberíamos saber que una gran proporción de ellos no son más que la oligarquía rival a la de Gadafi, y cuya mera intención es hacerse con el poder.
Costa de Marfil: Nos contentamos con saber que el presidente saliente Gbagbo cada vez cuenta con una menor zona de influencia, en parte, gracias a la acción de las fuerzas armadas francesas. En cambio, ¿sabemos el origen de la intervención? Un puñado de nacionales franceses, depositarios de grandes inversiones en el país africano cuyas ganancias revierten en Francia, a los que se impide la salida de Costa de Marfil lleva a Sarkozy a ordenar la toma del aeropuerto de Abiyán.
Posteriormente, se crea una base militar encargada de proteger a, única y exclusivamente, los ciudadanos extranjeros que no han podido salir aún del país; mientras tanto, cerca de 100.000 refugiados –a tenor de los informes presentados por OXFAM- se hallan próximos a la frontera con Liberia, huelga decir que a su suerte.
Para redondear, la ONU solicitó la, irrisoria, cifra de 146 millones de dólares para hacer frente a la calamitosa situación humanitaria que atraviesa la población de Costa de Marfil; recabando - apenas- de los países “civilizados” la cuarta parte de lo pedido. ¿A cuanto ascendió el fichaje de Cristiano Ronaldo?
Posteriormente, se crea una base militar encargada de proteger a, única y exclusivamente, los ciudadanos extranjeros que no han podido salir aún del país; mientras tanto, cerca de 100.000 refugiados –a tenor de los informes presentados por OXFAM- se hallan próximos a la frontera con Liberia, huelga decir que a su suerte.
Para redondear, la ONU solicitó la, irrisoria, cifra de 146 millones de dólares para hacer frente a la calamitosa situación humanitaria que atraviesa la población de Costa de Marfil; recabando - apenas- de los países “civilizados” la cuarta parte de lo pedido. ¿A cuanto ascendió el fichaje de Cristiano Ronaldo?
Pero hay algo peor aun que estas verdades parciales: la información que no tiene espacio en los medios de comunicación, que no es poca. ¿O es que acaso sabemos mucho acerca de la epidemia de sarampión que asola la República Democrática del Congo? Un país en el que 51 millones de personas no tienen acceso a agua potable. De las denuncias de Médicos Sin Fronteras casi nadie se hace eco y, por el momento, la demanda logística y financiera requerida para afrontar la enfermedad no puede ser asumida por dicha organización humanitaria, que, por otra parte, recibe escasa respuesta por parte de quienes más debieran darla: UNICEF y/o la OMS.
Podríamos hablar también de las revueltas militares en Burkina Faso, o la persistente represión que se da en Ruanda; pero ¿qué serían? Cifras de muertos y desaparecidos que rebotarían sin más en nuestra ya curtida indeferencia.
Podríamos hablar también de las revueltas militares en Burkina Faso, o la persistente represión que se da en Ruanda; pero ¿qué serían? Cifras de muertos y desaparecidos que rebotarían sin más en nuestra ya curtida indeferencia.
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